Cuando oyes eso de “deflactar el IRPF”, puede sonar a tecnicismo de tertulia económica, pero en realidad te afecta bastante más de lo que parece. Sobre todo porque tiene mucho que ver con algo muy cotidiano: tu nómina. El IRPF no solo se liquida una vez al año en la declaración de la renta; también lo vas notando mes a mes en forma de retenciones, que son pagos a cuenta de lo que después se regulariza en la campaña de la renta. En la campaña de Renta 2025, que se presenta entre el 8 de abril y el 30 de junio de 2026, esa lógica sigue exactamente ahí: lo que te quitan antes en nómina no siempre coincide con lo que terminas pagando de verdad al cerrar el ejercicio.
El problema aparece cuando suben los precios. Si tu sueldo aumenta solo para no perder poder adquisitivo, pero los tramos del impuesto, los mínimos personales o ciertos límites fiscales no se actualizan, puedes acabar pagando más IRPF sin ser realmente más rico. Ahí entra la idea de la deflactación: evitar que la inflación te empuje a una mayor carga fiscal por pura apariencia nominal. En varias normas autonómicas se explica justo así, como una forma de corregir la llamada “progresividad en frío”, es decir, ese efecto por el cual una subida salarial motivada por la inflación te puede llevar a tributar más sin un aumento real de capacidad económica.
¿Qué significa deflactar el IRPF?
Deflactar el IRPF significa, en términos sencillos, ajustar los tramos del impuesto y, a veces, también los mínimos personales y familiares y ciertos límites de deducciones, para compensar el efecto de la inflación. No se trata necesariamente de bajar impuestos “porque sí”, sino de evitar que una subida de renta puramente nominal —por ejemplo, una revisión salarial por IPC o una mejora pequeña de convenio— te coloque en una posición fiscal peor aunque tu capacidad de compra apenas haya mejorado. La Comunidad de Madrid lo explica de forma muy clara al decir que el alza de precios acaba generando una mayor tributación si no se actualizan la escala autonómica, el mínimo personal y familiar y los límites ligados a deducciones; y La Rioja ha ido un paso más allá al introducir en 2026 un mecanismo legal de deflactación automática del tramo autonómico y de los mínimos cuando el IPC interanual de diciembre supere el 3 %.
En otras palabras, deflactar busca que el impuesto grave rentas reales y no solo cifras infladas por la subida general de precios. Andalucía lo formuló expresamente al aprobar la elevación de sus tres primeros tramos autonómicos y de los mínimos personales y familiares para corregir la “progresividad en frío”, motivada por la subida de salarios a causa de la inflación sin un aumento real de la capacidad de pago. La Comunitat Valenciana siguió una lógica parecida cuando aprobó cambios en su tramo autonómico para adaptar el gravamen al escenario de alta inflación y elevar en un 10 % los mínimos personales, familiares y por discapacidad, que era el máximo permitido por el sistema de financiación.
Por eso conviene distinguir bien entre dos ideas que a veces se mezclan. Deflactar no es exactamente lo mismo que rebajar tipos. Una rebaja de tipos hace que pagues menos aunque no haya inflación; una deflactación intenta, sobre todo, que no pagues más por un aumento nominal de ingresos que no se traduce en una mejora real de tu bolsillo. Es una diferencia pequeña sobre el papel, pero enorme en la práctica. Porque cuando los precios suben, el problema no siempre es que ganes mucho más: muchas veces el problema es que el sistema fiscal te trate como si hubieras mejorado bastante cuando, en realidad, sigues yendo casi igual de justo.

Cómo se calcula el pago del IRPF
Primero: no todo tributa en el mismo “cajón”
El IRPF no se calcula aplicando un porcentaje único a tu salario bruto y listo. La Agencia Tributaria separa, de entrada, la base liquidable general y la base liquidable del ahorro. En la parte general se mueven los salarios, las pensiones, muchas actividades económicas y buena parte de las rentas más habituales. En la del ahorro entran, por ejemplo, dividendos, intereses y determinadas ganancias patrimoniales. Para 2025, la escala estatal de la base general arranca en el 9,5 % hasta 12.450 euros y llega al 24,5 % desde 300.000 euros; y la escala estatal del ahorro va del 9,5 % para los primeros 6.000 euros al 15 % a partir de 300.000 euros.
Después: entran en juego reducciones y mínimos
Antes de llegar a la cuota final, el impuesto se ajusta con reducciones y con el mínimo personal y familiar. La AEAT explica el cálculo en cuatro fases: primero aplica la escala estatal y la autonómica a toda la base liquidable general; después calcula qué parte de esa base corresponde al mínimo personal y familiar estatal; luego hace lo mismo con el mínimo autonómico, si la comunidad ha aprobado importes distintos; y, por último, resta esas cuotas parciales para obtener la cuota íntegra estatal y la autonómica. Ese mínimo personal y familiar existe precisamente para que la parte de renta destinada a cubrir necesidades básicas no tribute como si fuera renta disponible plena.
La comunidad autónoma también cuenta, y mucho
Aquí está una de las claves más importantes del IRPF actual: no pagas igual según la comunidad autónoma en la que residas. La AEAT publica una escala autonómica propia para cada comunidad de régimen común, y eso hace que el cálculo final cambie aunque el sueldo sea el mismo. En su ejemplo práctico de Renta 2025, un contribuyente residente en Aragón con una base liquidable general de 23.900 euros y una base del ahorro de 2.800 euros obtiene una cuota íntegra estatal de 2.406,50 euros y una cuota íntegra autonómica de 2.360,64 euros, después de aplicar las escalas estatal y aragonesa y descontar el mínimo personal y familiar. Es una buena forma de ver que el IRPF no sale de una única tabla estatal, sino de la combinación entre la parte estatal y la autonómica.
Lo que notas en la nómina son retenciones, no la factura final
En la nómina, lo primero que ves no es la cuota definitiva del impuesto, sino la retención. La Agencia Tributaria recuerda que las retenciones e ingresos a cuenta son cantidades que el pagador detrae e ingresa en el Tesoro, y que funcionan como anticipo de la cuota del impuesto. Dicho en cristiano: tu empresa no está “cerrando” tu IRPF cada mes, sino adelantando una parte. Por eso, al hacer la renta, puede salirte a devolver o a ingresar más, dependiendo de si la retención fue alta, baja o simplemente no se ajustó del todo a tu situación personal y familiar.
La inflación también se cuela en la retención
La relación entre inflación y nómina se nota justo ahí. Si tu sueldo sube nominalmente para intentar compensar la subida de precios, la base que usa el algoritmo de retenciones también cambia. La propia documentación técnica de la AEAT sobre retenciones recuerda, además, que se actualizaron los límites excluyentes de la obligación de retener para adaptarlos al incremento del salario mínimo y que, con esa modificación, los rendimientos del trabajo iguales o inferiores al SMI no quedan sujetos a retención, evitando además errores de salto en sueldos cercanos. Esto demuestra que el sistema de retenciones también necesita ajustes cuando cambian salarios y precios.
A qué se llama deflactar el IRPF
A efectos prácticos, se llama deflactar el IRPF a mover hacia arriba los umbrales del impuesto para que acompañen, al menos en parte, a la inflación. Muchas veces esa operación no se limita a los tramos: también alcanza al mínimo personal y familiar y a los límites de renta o cuantías de deducciones autonómicas. Madrid, por ejemplo, aprobó una deflactación del 3,1 % de la escala autonómica, de los mínimos, de las cuantías de las deducciones y de los límites de renta aplicables a esas deducciones. La Rioja, por su parte, ha regulado desde 2026 una regla automática: si el IPC interanual de diciembre en la comunidad supera el 3 %, se actualizan los tramos autonómicos y los mínimos personales y familiares en ese porcentaje.
La idea de fondo es bastante simple. Si los precios suben un 3 % y tu sueldo también sube un 3 %, sobre el papel cobras más. Pero en la vida real quizá solo estás manteniéndote a flote. Si el impuesto no se corrige, una parte mayor de tu renta puede quedar sometida a tipos superiores o a una tributación más intensa, y el resultado es que tu nómina neta no acompaña de verdad la subida del coste de la vida. Andalucía expresó este problema con una claridad poco habitual en un texto legal: la deflactación pretende evitar que actualizaciones salariales alejadas incluso de compensar la inflación real hagan que los contribuyentes tributen en tramos superiores.
También conviene no idealizar la medida. Deflactar el IRPF no neutraliza por completo el efecto de la inflación en todos los casos. Primero, porque la inflación no afecta igual a todos los hogares. Segundo, porque tu retención depende de más cosas: salario anual previsto, tipo de contrato, descendientes, discapacidad, pensiones compensatorias y otras circunstancias que la AEAT incorpora al algoritmo. Y tercero, porque no todas las comunidades ajustan sus escalas, mínimos o deducciones del mismo modo ni con la misma intensidad. Aun así, como herramienta para suavizar la pérdida de renta disponible cuando suben los precios, la deflactación va justamente a la raíz del problema: que el impuesto no te trate como más solvente solo porque todo es más caro.
Deflactación en las diferentes comunidades autónomas
Un mismo IRPF, pero 15 mapas autonómicos distintos
Aunque solemos hablar del IRPF como si fuera un impuesto único, en la práctica el tramo autonómico hace que el resultado cambie bastante según dónde vivas. La AEAT publica para 2025 escalas autonómicas distintas por comunidad: Madrid arranca en el 8,5 % y llega al 20,5 %; Andalucía va del 9,5 % al 22,5 %; Illes Balears del 9 % al 24,75 %; Asturias y Canarias alcanzan el 26 %; La Rioja sube hasta el 27 %; y la Comunitat Valenciana llega al 29,5 % en el último tramo. Solo con esos ejemplos ya se ve que el impacto autonómico del IRPF no es un detalle menor, sino una pieza central del cálculo.
Comunidades que han utilizado la deflactación de forma expresa
Hay comunidades que han hablado de deflactación sin rodeos. Andalucía aprobó la elevación de sus tres primeros tramos autonómicos y de sus mínimos personales y familiares para corregir la progresividad en frío y paliar el efecto de la inflación, con efectos desde el 1 de enero de 2022. Madrid aprobó en 2023 una ley específica para deflactar la escala autonómica, el mínimo personal y familiar, las cuantías de deducciones autonómicas y sus límites de renta en un 3,1 %, precisamente para evitar que la subida de precios y de salarios incrementara la factura fiscal sin mejora real de capacidad económica. La Comunitat Valenciana reformó su tramo autonómico en 2022 para adaptarlo al escenario de alta inflación y elevó en un 10 % los mínimos personales, familiares y por discapacidad. Y La Rioja ha consolidado en 2026 un mecanismo legal automático de deflactación cuando el IPC riojano de diciembre supere el 3 %.
Comunidades que han optado por modular mínimos y deducciones
No todas las respuestas autonómicas pasan por una ley titulada “deflactación”. La propia AEAT explica que, para el gravamen autonómico de 2025, Andalucía, Galicia, Illes Balears, Canarias, Madrid, La Rioja y la Comunitat Valenciana han regulado importes del mínimo personal y familiar diferentes de los estatales. En cambio, el resto aplica los importes estatales o, como indica la AEAT en el caso de Cataluña y Castilla y León, importes de idéntica cuantía a los de la ley estatal. Esto importa mucho porque el mínimo personal y familiar es una de las llaves que determinan cuánto de tu renta queda realmente sometido a gravamen.
Otras comunidades han preferido medidas más selectivas
También hay gobiernos autonómicos que han respondido al golpe de la inflación por una vía más quirúrgica. En Illes Balears, la información tributaria del Govern destaca la ampliación del gasto máximo deducible y de los límites de ingresos para varias deducciones autonómicas, además de nuevas deducciones vinculadas al encarecimiento de hipotecas variables y a ayudas autonómicas concedidas para paliar el impacto de la inflación. En Canarias, la ley autonómica de 2025 suprimió la deducción extraordinaria por alza de precios que se había aprobado con carácter temporal en 2023, justificándolo en la desaceleración de la inflación, y puso el foco en otras deducciones, especialmente relacionadas con vivienda. Es decir, no siempre se responde con una deflactación general: a veces la opción política es aliviar casos concretos.