Cómo ahorrar dinero si ganas poco: consejos realistas para empezar

23 de septiembre de 2026

Cobras 1.100 euros y, después del alquiler, la compra, el transporte y los recibos, te quedan 70. Entonces lees que deberías ahorrar el 20 % de tus ingresos. En tu caso serían 220 euros, una cantidad que simplemente no existe.

El problema no es que te falte disciplina. La recomendación no encaja con tu economía.

Según la Encuesta de Condiciones de Vida de 2025, el 36,4 % de la población española no tenía capacidad para afrontar gastos imprevistos. Además, el 8,5 % afirmaba llegar a final de mes con mucha dificultad. Ahorrar con ingresos ajustados no es, por tanto, una cuestión de encontrar un truco desconocido, sino de trabajar con un margen que muchas veces es muy pequeño.

Eso no significa que ahorrar sea imposible. Significa que el punto de partida puede ser 5, 10 o 20 euros al mes, y que antes de guardar dinero quizá haya que impedir que determinados gastos previsibles se conviertan en emergencias.

Empieza por saber cuánto margen existe de verdad

Cuando alguien busca cómo ahorrar dinero si gana poco, suele encontrarse con listas que recomiendan eliminar cafés, dejar de salir y cancelar suscripciones. Puede haber ahorro en esas partidas, pero rara vez explican toda la situación.

Si los gastos básicos consumen casi todos los ingresos, el problema principal no está en un desayuno ocasional.

El primer paso es observar un mes completo y separar los gastos en cuatro grupos: vivienda y obligaciones, necesidades variables, deudas y gastos prescindibles. También hay que incluir pagos que no llegan todos los meses, como el seguro del coche, el material escolar, una revisión médica o determinados impuestos.

Finanzas para Todos, iniciativa del Banco de España, la CNMV y el Ministerio de Economía, recomienda registrar todos los ingresos y gastos, incluidos los desembolsos pequeños, ocasionales e imprevistos. El objetivo es averiguar en qué se va el dinero y qué partidas pueden ajustarse sin poner en riesgo las necesidades básicas.

No hace falta utilizar una aplicación compleja. Una libreta, una hoja de cálculo o las categorías de la cuenta bancaria pueden ser suficientes.

Supongamos que ingresas 1.200 euros y tus gastos habituales son estos:

  • Vivienda y suministros: 650 euros.
  • Alimentación y transporte: 300 euros.
  • Cuotas y otros compromisos: 130 euros.
  • Teléfono, ocio y compras personales: 80 euros.

El margen aparente es de 40 euros. Sin embargo, si cada seis meses pagas un seguro de 240 euros, en realidad deberías reservar otros 40 euros mensuales. Tu presupuesto está prácticamente al límite.

Detectarlo puede resultar incómodo, pero es más útil que proponerse ahorrar 100 euros y retirarlos de la cuenta dos semanas después.

Las conocidas reglas porcentuales, como la 50/30/20, pueden servir como referencia, pero no deben convertirse en una obligación. El propio Banco de España señala que solo deben utilizarse cuando la economía lo permita.

Si el alquiler representa por sí solo el 50 % de tu sueldo, no puedes repartir el resto según una fórmula diseñada para otra situación. Tu porcentaje de ahorro inicial quizá sea del 1 % o del 2 %. Sigue siendo ahorro.

Ahorrar poco funciona si la cantidad puede mantenerse

Guardar 10 euros al mes puede parecer irrelevante. Al cabo de un año son 120 euros: quizá no resuelvan una avería importante, pero sí pueden evitar que una factura pequeña genere un descubierto o tenga que pagarse con tarjeta.

La regularidad vale más que un esfuerzo excesivo seguido de varios meses sin guardar nada.

Una estrategia útil consiste en realizar una transferencia automática el día en que cobras. La cantidad debe ser suficientemente pequeña como para no tener que recuperarla antes de final de mes. Puedes empezar con 5 euros y revisarla después de tres meses.

El Banco de España recomienda tratar el ahorro como una partida del presupuesto, definir una meta realista y mantener el dinero en una cuenta separada y accesible para los imprevistos.

Separarlo no significa bloquearlo ni contratar un producto complicado. El primer objetivo no es obtener una gran rentabilidad, sino evitar que el dinero reservado se mezcle con el saldo destinado a los gastos diarios.

También puedes dividir el ahorro en dos pequeños fondos. Uno para pagos previsibles, como seguros, regalos o libros escolares, y otro para acontecimientos inesperados, como una reparación urgente.

Esta distinción evita llamar “imprevisto” a un gasto que sabías que llegaría.

Finanzas para Todos propone utilizar sobres físicos o digitales para poner límites a cada categoría. Cuando se termina el dinero destinado al ocio o a compras personales, se detiene el gasto hasta el siguiente periodo.

El sistema puede adaptarse por semanas. Si después de pagar las obligaciones dispones de 160 euros para alimentación, transporte y otros gastos durante cuatro semanas, repartirlos en cuatro bloques de 40 facilita detectar un exceso antes de que la cuenta quede vacía.

No hace falta aplicar el método de manera rígida. Una semana puede exigir más gasto que otra. Lo relevante es que la desviación sea visible.

Los ingresos extraordinarios también pueden acelerar el proceso, pero no deberías contar con ellos antes de recibirlos. Una devolución, una venta de segunda mano, una paga adicional o un trabajo puntual pueden dividirse entre una necesidad pendiente, algo de disfrute y ahorro.

Destinarlo todo al fondo puede ser poco realista. Gastarlo entero tampoco mejora el margen del mes siguiente.

Recorta gastos grandes antes de perseguir céntimos

Los pequeños gastos repetidos cuentan, pero tienen un límite. Cancelar una suscripción de 8 euros ayuda; reducir 70 euros en un contrato o servicio tiene un impacto mucho mayor.

Revisa primero los gastos que se repiten todos los meses: telefonía, internet, seguros, energía, comisiones bancarias, transporte, alquileres de aparatos y cuotas que ya no utilizas.

Negociar, cambiar de tarifa o comparar proveedores requiere más esfuerzo que dejar de tomar café, pero puede generar un ahorro estable sin reducir continuamente tu calidad de vida.

También conviene revisar los hábitos de compra. Ir al supermercado con una lista, comparar el precio por kilo o litro y planificar varias comidas evita que una visita rápida termine en productos que no se necesitaban. Finanzas para Todos recomienda comprar con intención y no bajo el impulso del momento.

Ahorrar no siempre significa comprar lo más barato.

Un producto económico que se estropea pronto, una promoción que obliga a adquirir más cantidad de la necesaria o una tarifa barata con permanencia pueden terminar costando más. La pregunta útil es cuánto pagarás en total y cuánto uso vas a obtener.

La vivienda suele ser la partida más difícil de modificar, pero también la que más condiciona el presupuesto. No siempre es posible mudarse, compartir casa o renegociar un alquiler. Presentar estas medidas como soluciones rápidas ignora los costes de traslado, las fianzas y la situación del mercado.

Cuando el margen es mínimo, los cambios también pueden estar en el lado de los ingresos. Revisar ayudas disponibles, comprobar complementos salariales, vender objetos que ya no se usan o buscar una actividad puntual puede aportar dinero adicional.

Ese ingreso no está garantizado y no debería utilizarse para asumir nuevas cuotas mensuales. Su valor está en reforzar el colchón o cubrir un gasto concreto.

El primer objetivo no tiene que ser ahorrar seis meses de sueldo

Se suele recomendar un fondo equivalente a entre tres y seis meses de gastos esenciales. Finanzas para Todos utiliza esa referencia, aunque también señala que la cantidad depende de los ingresos, las personas a cargo y las alternativas disponibles ante una emergencia.

Para alguien que empieza desde cero, esa cifra puede resultar paralizante.

Es más útil dividirla en etapas. El primer objetivo puede ser acumular 100 euros. Después, cubrir una semana de gastos básicos. Más adelante, reunir el equivalente a una mensualidad esencial.

Cada tramo reduce un riesgo concreto.

Un fondo de 300 euros no sustituye varios meses de ingresos, pero puede pagar una reparación, un medicamento no previsto o un desplazamiento urgente sin recurrir inmediatamente al crédito.

La Encuesta de Competencias Financieras mostró que, entre los hogares cuyos gastos habían superado sus ingresos, un 14 % recurrió al crédito con garantía o a la tarjeta, un 13 % utilizó descubiertos o retrasó pagos y un 8 % pidió préstamos personales. Contar con algún ahorro puede reducir la necesidad de aceptar financiación en un momento de presión.

Si ya tienes deudas, ahorrar y amortizar pueden competir por el mismo dinero. No existe una respuesta idéntica para todos los casos. Mantener una pequeña reserva evita que cualquier incidencia genere otra deuda, mientras que reducir financiación con intereses elevados puede liberar dinero en el futuro.

Lo poco realista es destinar hasta el último euro a cancelar una deuda y quedarse sin capacidad para pagar una avería o un recibo inesperado.

Cuando durante varios meses los gastos esenciales superan los ingresos, recortar pequeños caprichos no resolverá el desequilibrio. Habrá que revisar contratos, deudas, prestaciones, vivienda o fuentes de ingresos. Pedir financiación para cubrir de manera habitual alimentación, alquiler o suministros suele trasladar el problema al mes siguiente y añadir costes.

Empieza con una cifra que no te obligue a deshacer el ahorro. Puede ser un euro al día, cinco euros al cobrar o diez euros al mes. Anótala, sepárala y mantenla durante tres meses. El primer logro no es alcanzar una cantidad espectacular, sino demostrar que esa pequeña parte de tus ingresos puede dejar de estar disponible para el gasto cotidiano.

¿Cuánto debería ahorrar si gano poco?

No existe un porcentaje obligatorio. Empieza con una cantidad que puedas mantener sin dejar de pagar vivienda, alimentación, suministros, transporte y deudas. Incluso 5 o 10 euros mensuales pueden servir para crear el hábito.

¿Tiene sentido ahorrar si solo puedo guardar unos pocos euros?

Sí. Una cantidad pequeña no cubrirá una emergencia grande, pero puede evitar descubiertos, retrasos o el uso de crédito ante gastos menores. Además, puede aumentarse cuando mejoren los ingresos o baje algún gasto.

¿Es obligatorio aplicar la regla 50/30/20?

No. Es una referencia orientativa y puede ser inviable con ingresos ajustados o costes de vivienda elevados. El presupuesto debe adaptarse a tus gastos reales, no al revés.

¿Debo ahorrar o pagar primero mis deudas?

Depende del coste de las deudas y de tu situación. Puede ser razonable conservar una pequeña reserva y destinar el resto a las financiaciones más caras. Antes de amortizar, revisa posibles comisiones y evita quedarte sin liquidez.

¿Qué hago si no me sobra nada al terminar el mes?

Registra todos los gastos durante varias semanas, incluye los pagos anuales y revisa primero las partidas recurrentes de mayor importe. Si las necesidades básicas ya superan los ingresos, el problema requiere ajustar obligaciones o buscar ingresos y ayudas, no únicamente eliminar pequeños gastos.

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Escrito por...
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